NUEVO ARTE, JESÚS ZATÓN

retrato de jesus zaton

El artista actual  se encuentra inmerso en una época convulsiva donde ciertas influencias astrales (como las del planeta  Plutón) son muy fuertes. Plutón conduce hacia los puntos  más altos y más bajos que puede alcanzar la humanidad.

Nuevo arte contemporaneo

   Desgraciadamente, la humanidad actual, en cuanto masa, dado su nivel espiritual reacciona preferentemente  a las influencias negativas de este planeta.

  Plutón  fue descubierto en 1930, tres medes después de la gran depresión  provocada por la caída del mercado bursátil. Sus influencias negativas en el primer tercio del siglo XX quedan patentes en figuras como Adolfo Hitler.

De 1995 al 2008 Plutón estuvo  en Sagitario, signo de la libertad. Del 2009 al 2024,  Plutón estará en Capricornio, símbolo de la disciplina y la ambición.

A partir de 19204 Plutón entrará en la Era de Acuario, lo que cerrará un ciclo y marcará el paso a otro nuevo donde la ciencia y el arte serán piezas claves para un  nuevo paradigma del conocimiento.

   Las fuerzas plutonianas hacen visibles las necesarias reformas previas a la “iluminación”. Sin embargo, sus influencias  no pueden ser manejadas ni gobernadas, penetran y sacuden, como turbulencias y energías descontroladas, actuando mediante golpes de destino, generalmente de forma dolorosa. Plutón rige las masas y la mente subconsciente, produciendo cambios arrolladores y  drásticos.   

Tales influencias son vividas por el artista de manera angustiosa y le  obligan a reflexionar sobre la propia condición  humana, a verter a través de su arte toda la bilis que lleva dentro.

Le conducen en definitiva a una limpieza profunda, a poner de relieve los problemas y las miserias propias de su mundo interior y de la sociedad en la que vive.

Por ello en el siglo XX y principio del XXI nos encontramos con un arte en que prima el testimonio, el griterío desesperado, lo caótico,  lo oscuro y putrefacto, dejado de lado la belleza y la armonía, aspectos propiciados por las corrientes astrales provenientes de Venus.

   En otros periodos históricos, el arte actuaba como un revelador de fuerzas espirituales que se encarnaban a través del mismo en la materia. En nuestros días el arte también ha cumplido la misión de “revelar”, pero  no fuerzas espirituales, sino los aspectos anímicos del ser humano y, lamentablemente, con demasiada frecuencia, los aspectos egóicos  del artista.

   No se percibe por ello en la actualidad una aspiración hacia los más altos ideales (como fue el caso del arte griego o del arte Renacentista); ni siquiera como expresión de las aspiraciones religiosas de la masa (la gran mayoría del arte actual cabría calificarlo como “materialista”), y menos aún como un medio de elevación espiritual (como pudo ser el caso del arte egipcio, del arte ejercido por la francmasonería de la Edad Media o del arte zen). 

Fundamentos del arte nuevo

 Sin embargo, las fuerzas acuarianas comienzan ya a hacerse valer, lo que inevitablemente traerá un nuevo arte cuyos fundamentos volverán a asentarse  sobre aspectos universales como la belleza y armonía. Ello no quiere decir una vuelta al pasado, sino una eclosión creativa que no sólo tendrá en cuenta el cuerpo, sino igualmente aspectos como el alma y el espíritu. 

   La obra de arte deberá ser antes que nada “un espacio de conciencia”, la impronta  en la materia densa de un pensamiento  elevado y una emoción  pura, revestida de una forma  bella, de  manera que a través de la forma pueda experimentarse  la Vida y el Alma.

   El arte, por tanto, debería aspirar a ennoblecer a quienes lo contemplan y “despertar” a quienes todavía duermen. Se debe por ello evitar el arte “basura” que vierte en los demás los detritus psíquicos del artista.

   El arte debería aspirar a lo Sagrado, sin confundirse lo “Sagrado” con la religión, en particular en cuanto  ésta desprecie lo material y el cuerpo, por considerarlo “el enemigo”, sin tomar en cuenta que el cuerpo no sólo es una herramienta útil y necesaria sino que es la parte que podemos ver y tocar de nuestra divinidad interior.

   El verdadero arte es portador de una tremenda fuerza espiritual que no precisa de intermediarios. Es vitalidad, savia que se renueva constantemente. No cabe por ello concebir el arte como simple elemento decorativo, sino más bien como una prolongación de la Vida.

Bien es cierto que en la sociedad actual, con su culto a lo fugaz y pasajero, apenas se dedica el tiempo necesario para penetrar en los secretos que encierran las buenas obras de arte. Con ello se imposibilita  que la magia del arte actúe sobre las conciencias y las eleve a estadios más elevados.

   Es triste constar que el alma de numerosos seres humanos ya no “sueña”,  no “esculpe mundos” y realidades elevadas a través de la imaginación.

Jesús Zaton

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