Jardines de ausencia

Art is my life.

   Escribo poesía a trompicones, y cuando surge,  me veo en la necesidad de darla forma sin descanso durante semanas o meses. Luego el ímpetu parece agotarse y queda mi pluma en barbecho hasta que de nuevo, meses o años más tarde,  brota  de nuevo el poema desde las profundas simas del subconsciente. No quiero decir con ello que el poema nazca ya con un cuerpo completo y perfecto. Lo que brota es el impulso, la necesidad de traducir en versos  experiencias  que no encuentran otro cauce de expresión. Y entonces, durante un tiempo más o menos largo, pero siempre intenso, la poesía “me vive”,  se apodera de mi pensamiento y me obliga a ser su fiel amante.

Así han surgido, con el correr del tiempo, los poemas recogidos en este Jardines de ausencias.

   Jardines de ausencias pretende ser una selección antológica  de mi producción poética, producción ciertamente breve,  pero, como ya he señalado, intensa. Incluyo poemas de mi primer y único libro de poesía editado, Prendida senda. De  los poemarios posteriores  sólo vieron la luz algunas composiciones  sueltas publicadas en revistas digitales. He de señalar que Prendida senda fue  escrito al unísono con el poeta Jesús Rodríguez Castellano, en las terrazas  y bares de los cafés gijoneses. Aún está en mi memoria su primer germen, unos versos sueltos que pasé a Jesús Castellano  con el imperativo -casi la orden-  de “Acábalo tú”. Y lo hizo. El resultado final fue un  librito publicado en 1988 en la colección “Clepsidra poesía”. Este  pequeño libro  recoge nuestro interés común por la poesía oriental y muy particularmente por la poesía zen (haikus),  interés que en mi caso nunca ha decrecido y que vuelve de nuevo a encontrar forma en el último libro de esta recopilación: Zumbidos a mi alrededor.  No fue sin embargo  nuestro  objetivo –al igual que tampoco lo es en Zumbidos a mi alrededor – recrear la estructura formal del haiku  (5/7/5 versos), sino trazar versos embebidos  en  la  capacidad de sugerir  y en  la fuerza de  un arte que busca la máxima expresión con los mínimos medios,  en una poesía que es  expresión del momento único e irrepetible en el que fue escrita.

   Lamentablemente no conservo ninguna copia del segundo poemario que escribí al unísono con Jesús Rodríguez Castellano. Y, por conservar, ni siquiera conservo su título. Recuerdo sí, que quedó finalista en un concurso de poesía erótica presidido por Ana Rossetti. Es posible que no haya puesto demasiado interés en recuperarlo. En cualquier caso, se me presenta como el ejemplo  más claro de las “ausencias” a las que el título de este libro aluden. Bajo el título de Poemas varios, incluyo, no obstante, algunos versos sueltos escritos por la misma época –tal vez un poco más tarde-  que conservan en su conjunto un cierto tono erótico. 

   Con  Luz sin sombra  el estilo y los intereses  cambian.  El poema adquiere un sentido más grandilocuente y al tiempo se vuelve más “hermético”. Hay en estos poemas ecos de William Blake  y de los poetas visionarios del romanticismo inglés. Y si buscamos las fuentes, no puedo dejar de señalar  influencias tal vez menos evidentes: José Ángel Valente, Gamoneda, Claudio Rodríguez, Brines, Bousoño o la poesía oriental de tendencia sufí.  Pero, para mí, lo más importante y significativo es que en cada verso late un  deseo de transcendencia, de búsqueda de la luz.

   El navegante interior es un poemario no menos “hermético” atravesado por una profunda carga de nostalgia y dolor. Dolor que tiene su causa en  una larga enfermedad, y un anhelo irreprimible de nuevos puertos en los que  atracar mi cansado y derrotado cuerpo.

    Diccionario poético lo considero un ejercicio inacabado -ya que debería proseguirse  ininterrumpidamente en el tiempo-,  una recreación de la metáfora como esencia de la poesía.

   Con Zumbidos a mi alrededor  cierro el ciclo. Y al cerrarlo, de algún modo, vuelvo al principio, a Prendida Senda. Hay en él, sorna, humor, desamor y también, cómo no, ironía. En muchos aspectos puede verse como  un regreso al haikú. Sin embargo, mi visión del mundo ha cambiado, aunque sólo sea porque ahora lo  contemplo desde la espiral superior que traza el tiempo.

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